La Cruz de Caravaca
 
Tradicion del aparecimiento

La tradición histórica local nos habla sobre el origen de la Reliquia en el castillo-Alcázar de Caravaca, narrando los pormenores de la misteriosa aparición del “lignum crucis” oriental, en la fecha del 3 de mayo de 1232.

Aparecimiento de La Cruz de Caravaca

Según la tradición histórica local, la presencia de la Cruz en la fortaleza caravaqueña data del año 1232, como fecha más probable. Eran los tiempos de los reinados de Fernando III el santo, rey de Castilla y León y de Jaime I de Aragón, cuando el reino taifa de Murcia estaba regido por el famoso Ibn-Hud, que se rebeló contra los almohades y dominó gran parte del Al-Andalus. Ya, a los pocos años, el reino murciano iba a pasar a vasallaje del rey castellano (1243-1244).

hspace=5La tradición histórica local nos habla sobre el origen de la Reliquia en el castillo-Alcázar de Caravaca, narrando los pormenores de la misteriosa aparición del “lignum crucis” oriental, en la fecha del 3 de mayo de 1232, once años antes de la capitulación musulmana de toda la zona murciana a manos de Castilla. Es, pues, en pleno territorio y dominación musulmana, cuando se narra el hecho que podemos sintetizar de este modo: el territorio caravaqueño había sido conquistado por el sayyid almohade de Valencia. Abu-Ceyt que, presumiblemente instalado, en los años 1230-1231. Poco después sucedió el portentoso suceso.

Entre los cristianos prisioneros estaba el sacerdote Ginés Pérez de Chirinos que, venido de Cuenca, predicaba el evangelio a la morisma. El sayyid interrogó a los cautivos sobre sus respectivos oficios. El sacerdote contestó que el suyo era decir la misa, suscitando la curiosidad e interés del musulmán, el cual dispuso lo necesario para presenciar dicho acto litúrgico. Traídos los ornamentos de tierras cristianas, empezó a celebrarse la liturgia en el salón principal del Alcázar. Al poco el sacerdote se detuvo y dijo que no podía continuar por faltar en el altar el símbolo de un crucifijo, sin el cual no se podía oficiar. Y fue al momento cuando, por la ventana del salón, dos ángeles transportaban un “lignum crucis” que depositaron en el altar, y así se pudo continuar la misa. Ante la maravillosa aparición, el sayyid y toda la corte se bautizaron. Después se comprobó que la cruz era del patriarca de Jerusalén.

 

 
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